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Un saludo cordial desde Marbella
No sé si debo
hablaros de las primeras meditaciones que hice allí, pues son tan metafísicas y tan poco
comunes, que no serán tal vez del gusto de todo el mundo. Sin embargo, a fin de que se
pueda juzgar si los fundamentos que he consideradoson bastante firmes, me
encuentro de alguna manera obligado a hablar de ellas. Hacía mucho tiempo que había advertido que,
respecto de las costumbres, es necesarioalgunas veces seguir opiniones
que se saben muy inciertas, como si fueran indudables, tal como ha sido dicho
en la parte anteriora; pero, como por entonces quería dedicarme solamente a la
búsqueda de la verdad, pensé que era preciso que hiciesetodo lo contrario y que rechazase como absolutamente
falso todo aquello en quepudiese imaginar la menor duda, a fin de ver
si no quedaría, después de esto, algo enmi creencia que fuese enteramente indudable. Así, puesto que nuestros sentidos
nos engañan algunas veces, quise suponer que no había cosa alguna tal como nos la
hacen imaginar. Y puesto que hay hombres que se equivocan al razonar, incluso
en lo tocante a los más simples
asuntos de geometría, e incurren en paralogismosb, juzgando que yo estaba sujeto a equivocarme, tanto
como cualquier otro, rechacé como falsas todas las razones que había admitido
con anterioridad como demostrativas. Y en
fin, considerando que todos los pensamientos que tenemos estando despiertos se nos pueden también aparecer cuando dormimos, sin
que haya ninguno entonces que sea
verdadero, resolví fingir que todas las cosas que en cualquier momento habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que
las ilusiones de mis sueños. Pero, inmediatamente
después, advertí que, mientras quería de ese modo pensar que todo era falso, era preciso necesariamente que yo, que
lo pensaba, fuese alguna cosa. Y dándome
cuenta de que esta verdad: yo pienso, luego soyc, era tan
firme y tan segura que las más extravagantes suposiciones de los
escépticos no eran capaces de hacerla tambalear, juzgué que podía
admitirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que buscaba.
Después, examinando con atención lo que yo
era, y viendo que podía fingir que
no tenía cuerpo alguno, y que no había mundo ni lugar alguno en el que yo estuviese; pero que no podía fingir, por ello, que
no era; y que al contrario, por lo mismo que pensaba en dudar de la verdad de
las otras cosas, se seguía muy evidente y muy ciertamente que yo era; mientras que, con sólo que
hubiese dejado de pensar, aunque todo el resto de lo que había en algún momento imaginado hubiese sido
verdad, no tenía razón alguna
para creer que yo era: conocí, por ello, que yo era una substanciad cuya esencia toda o
naturalezae no es sino pensar, y que, para ser, no tiene necesidad
de lugar alguno, ni depende de cosa material alguna. De suerte que este yo, es decir el almaf por la cual yo soy
lo que soy, es enteramente distinta del cuerpo y hasta más fácil de conocer que éste, y aunque el
cuerpo no fuera, el alma no dejaría de ser todo lo que es.
Después
de esto, consideré en general lo que se requiere enuna proposición para que sea verdadera y cierta; porque, puesto que
acababa de encontrar una que sabía que era tal, pensé que debía tambien saber en qué consiste esa certeza. Y habiendo notado que en: yo pienso, luego
soy, no hay nada que me asegure que digo la verdad, sino que veo muy
claramente que para pensar es necesario ser: juzgué que podía admitir como regla general que las
cosas que concebimos muy clara y muy distintamente son todas verdaderas; no obstante sólo
hay alguna dificultad en advertir
satisfactoriamente cuáles son las que concebimos distintamente.
Después de lo cual,
reflexionando sobre lo que dudaba, y que, por consiguiente, mi ser no era
enteramente perfecto, pues veía claramente que había una mayor perfección en conocer que en dudar, se me
ocurrió indagar de dónde había aprendido
a pensar en algo más perfecto de lo que yo era: y conocí evidentemente que debía ser de alguna naturaleza que fuese en
efecto más perfecta. En lo que se refiere
a los pensamientos que tenía de varias cosas exteriores a mí, tales como el cielo,
la tierra, la luz, el calor, y otras mil, no estaba tan preocupado por saber de
dónde procedían, porque, no observando nada
en esos pensamientos que me pareciese
hacerlos superiores a mí, podía creer que, si eran verdaderos, eran
dependientes de mi naturaleza, en
cuanto que ésta tenía alguna perfección; y si no lo eran, procedían de la nada, es decir, estaban en mí porque
había defecto en mí. Pero no podía suceder
lo mismocon la ideag de un ser más perfecto que el mío,
pues que procediese de la nada era
cosa manifiestamente imposible; y como no hay menos repugnanciah en que lo más perfecto sea una
consecuencia y dependencia de lo menos perfecto
que la que hay en que de nada provenga cualquier cosa, no podía proceder tampoco de mí mismo. De suerte que sólo quedaba
que ella hubiese sido puesta en mí por una naturaleza que fuese
verdaderamente más perfecta de lo que yo era, e incluso que tuviese en sí todas
las perfecciones de las que yo podía tener alguna idea, es decir, para decirlo
en una palabra, que fuese por Dios. A esto añadí que, puesto que yo conocía algunas perfecciones que no tenía, no era yo el
único ser que existiese (aquí si lo permitís, usaré libremente los términos de la Escuela), pero que era
preciso, por necesidad, que hubiese algún otro más perfecto de quien yo dependiese y de quien yo hubiese obtenido todo cuanto
tenía. Pues, si hubiese sido solo e independiente
de cualquier otro, de suerte que hubiese tenido, de mí mismo, todo lo poco de
que participaba del ser perfecto, hubiese podido tener por mí, por la misma razón, todo lo demás que sabía que me faltaba, y
así ser yo mismo infinito, eterno, inmutable,
omnisciente, todopoderoso, y en fin tener todas las perfecciones que podía
advertir que estaban en Dios. Pues, según los razonamientos que acabo de hacer, para conocer la naturaleza de Dios, hasta
donde la mía era capaz de hacerlo, no tenía sino que considerar respecto
de todas las cosas de las que encontraba en mí alguna idea si era perfección, o no, poseerlas, y estaba seguro de que
ninguna de las que indicaban alguna
imperfección estaba en Él, pero todas las demás sí que estaban. Así veía que la duda, la inconstancia, la
tristeza, y cosas parecidas, no podían estar en El, puesto que a mí mismo me hubiese gustado mucho verme libre de
ellas. Además de esto, yo tenía
ideas de varias cosas sensibles y corporales, pues, aunque supusiese que soñaba, y que todo lo que veía o
imaginaba era falso, no podía negar, sin embargo, que esas ideas estuviesen verdaderamente en mi pensamiento;
pero puesto que había ya conocido en
mí muy claramente que la naturaleza inteligente es distinta de la corporal, considerando que toda composición
testimonia dependencia, y que la dependencia
es manifiestamente un defecto, juzgaba por ello que no podía ser una perfección
de Dios el estar compuesto de esas dos naturalezas, y que, por consiguiente, no lo estaba; pero que, si había algunos
cuerpos en el mundo, o bien algunas inteligencias
u otras naturalezas que no fuesen del todo perfectas, su ser debía depender
del poder divino, de tal suerte que éstas no podían subsistir sin Él un solo instante.
Quise
indagar, después de esto, otras verdades, y habiéndome propuesto el objeto de los geómetras, que yo concebía como un cuerpo continuo o un
espacio indefinidamente extensoi
en longitud, anchura y altura o profundidad, divisible en diversas
partes que podían tener diversas figuras y magnitudes y ser movidas o transpuestas de todas las maneras, pues los
geómetras suponen todo eso en su objeto, repasé algunas de sus más simples demostraciones. Y habiendo advertido
que esa gran certeza que todo el
mundo atribuye a estas demostraciones no está fundada sino en que se las
concibe con evidencia, según la regla antes dichaj, advertí también
que no había nada en ellas que me asegurase de la existencia de su
objeto. Pues, por ejemplo, veía
perfectamente que, suponiendo un triángulo, era necesario que sus tres ángulos
fuesen iguales a dos rectos; pero en esto no veía nada que me asegurase que hubiera en el mundo triángulo alguno. Mientras
que, volviendo a examinar la idea que
yo tenía de un Ser perfecto, encontraba que la existencia estaba comprendida en
ella del mismo modo que está comprendida en la de triángulo que sus tres ángulos
son iguales a dos rectos, o en la de una esfera el que todas sus partes son
igualmente distantes de su centro, o incluso con más evidencia aún; y
que, por consiguiente, es por lo menos tan cierto que Dios, que es ese Ser
perfecto, es o existe, como lo pueda ser
cualquier demostración de la geometría.
Pero
lo que hace que haya muchos que se persuadan de que hay dificultad en conocerle, e incluso también en conocer lo que
es el alma, es que no elevan jamás su espíritu por encima de las cosas sensibles, y que
están tan acostumbrados a considerarlo todo imaginando —que es un modo de
pensar particular para las cosas materiales— que todo lo que no es imaginable, les parece
no ser inteligible. Lo cual está bastante manifiesto en lo que los mismos filósofos tienen como máxima
en las escuelas: que nohay
nada en el entendimiento que no haya estado antes en el sentidoken donde, sin embargo, es cierto que las
ideas de Dios y del alma no han estado jamás. Y me parece que quienes quieren usar su
imaginación para comprender esas ideas, hacen lo mismo que si, para oír los
sonidos o sentir los olores, quisieran servirse
de sus ojos; salvo que hay esta diferencia: que el sentido de la vista no nos
asegura menos de la verdad de sus objetos que lo hacen los del olfato o del
oído, mientras que ni nuestra imaginación ni
nuestros sentidos podrían asegurarnos jamás de cosa alguna si nuestro entendimiento no interviniese.
En
fin, si todavía hay hombres que no están bastante persuadidos por las razones que he aportado de la existencia de Dios
y del alma, quiero que sepan que todas las demás cosas, de las que piensan que
pueden estar más seguros, como son tener un cuerpo, que hay astros y una tierra, y cosas semejantes, son
menos ciertas. Pues, aunque
se tenga una seguridad moral1 de esas cosas, que es tal que parece que, a menos de ser extravagante, no se puede
dudar de ellas, sin embargo, cuando se trata de una cuestión de certeza
metafísica, no se puede negar, a no ser perdiendo. la razón, que no sea
suficiente motivo, para no estar completamente seguro, el haber advertido que
es posible de la misma manera imaginar estando dormido que se tiene otro cuerpo
y que se ven otros astros y otra tierra, sin que ello sea así. Pues ¿cómo se sabe que los pensamientos que nos vienen en sueños
son más falsos que los otros, considerando
que a menudo no son menos vivos y explícitos? Y aunque los mejores ingenios estudien este asunto tanto cuanto
les plazca, no creo que puedan dar razón alguna que sea suficiente para suprimir esa duda, si
no presuponen la existencia de Dios.
Pues, en primer lugar, eso mismo que antes he tomado como una regla, a saber,
que las cosas que concebimos muy clara y muy distintamente son todas verdaderas,
no está asegurado sino porque Dios es o existe, y porque es un ser perfecto, y porque todo lo que está en nosotros proviene
de Él. De donde se sigue que nuestras ideas o nociones, siendo cosas reales y que
provienen de Dios en todo aquello en que son claras y distintas, no pueden ser, en ese
respecto, sino verdaderas. De suerte que, si tenemos muy a menudo ideas que contienen
falsedad, no puede tratarse sino de aquellas que tienen algo de confuso y
oscuro, porque en eso participan de la nada, es decir, que están en nosotros así confusas porque
no somos totalmente perfectos. Y es evidente que no hay menos repugnancia en
que la falsedad o la imperfección,
en tanto que tal, proceda de Dios, que en que la verdad o la perfección proceda de la nada. Mas si no supiésemos que todo lo que hay en nosotros
de real y verdadero proviene de un ser perfecto e infinito, por claras y
distintas que fuesen nuestras ideas, no
tendríamos razón alguna que nos asegurase que tienen la perfección de ser verdaderas.
Así, pues,
después de que el conocimiento de Dios y del alma nos ha proporcionado la certeza de esa regla, es muy
fácil conocer que los ensueños que imaginamos estando dormidos no deben, de ninguna
manera, hacernos dudar de la verdad de los pensamientos que tenemos estando despiertos. Pues, si
sucediese, incluso durmiendo,
que una persona tuviera una idea muy distinta, como, por ejemplo, que un geómetra inventase alguna nueva demostración, su sueño no le
impediría ser verdadera. Y en cuanto al
error más corriente en nuestros sueños, que consiste en que nos representan diversos objetos del mismo
modo que lo hacen nuestros sentidos exteriores, no importa que nos dé ocasión
de desconfiar de la verdad de tales ideas,
porque ellas pueden también engañarnos con bastante frecuencia sin que estemos durmiendo: como ocurre cuando los que
tienen ictericia ven todo de color amarillo,
o cuando los astros u otros cuerpos muy alejados nos parecen mucho más pequeños
de lo que son. Pues, por último, sea que estemos en vela, sea que durmamos, no debemos dejarnos persuadir nunca sino por
la evidencia de nuestra razón. Y es
de señalar que digo de nuestra razón, y no de nuestra imaginación ni de
nuestros sentidos. De la misma
manera, aunque veamos el Sol muy claramente, no debemos juzgar por ello
que sea del tamaño que le vemos; y podemos muy bien imaginar distintamente una cabeza de león encajada en el
cuerpo de una cabra, sin que haya que concluir, por ello, que exista en
el mundo una quimera, pues la razón no nos dicta
que lo que nosotros así vemos o imaginamos sea verdadero. Pero nos dicta que todas nuestras ideas o nociones deben tener
algún fundamento ds verdad; pues no
sería posible que Dios, que es todo perfecto y verdadero las hubiese puesto en nosotros sin eso. Y puesto que nuestros
razonamientos no son jamás tan evidentes ni tan completos5 durante
el sueño como durante la vigilia, aunque algunas veces nuestras imaginaciones sean tanto o más vivas y explícitas, la razón nos
dicta igualmente que lo que
nuestros pensamientos, no pudiendo ser todos verdaderos porque no somos totalmente perfectos, poseen de verdad
debe infaliblemente encontrarse en los
que tenemos estando despiertos antes que en aquellos que tenemos en nuestros sueños. ( CAP. IV)
a Hace referencia a la segunda máxima de su moral provisional.
b
Razonamiento falso.
c En la edición latina: "Ego cogito, ergo
sum, sive existo" (A-T, VI, 558).
d "Cuando concebimos la substancia,
solamente concebimos una cosa que existe en forma tal que no tiene necesidad sino de sí misma para
existir" (Principios, I, 51).
e Aunque "esencia" es aquello por lo
que una cosa es lo que es y se distingue de las demás y "naturaleza" es un principio
esencial de carácter activo, aquí los utiliza el autor como sinónimos.
f Se refiere al alma racional, al pensamiento
puro; por eso la edición latina utiliza el término "mens": "Adeo ut, Ego, hoc est,
mens" (A-T, VI, 558).
g "Con la palabra idea entiendo aquella
forma de todos nuestros pensamientos, por cuya percepción inmediata tenemos conciencia de ellos. De
suerte que, cuando entiendo lo que digo,
nada puedo expresar con palabras sin que sea cierto, por eso mismo, que tengo
en mí la idea de la cosa que mis palabras significan" (Respuesta a las
segundas objeciones, Definición II, p. 129).
h "No hay menos repugnancia en que lo más
perfecto ..."; esto es, no hay menos contradicción en pensar que lo más perfecto ...
i "Cuerpo continuo o un espacio
indefinidamente extenso"; divisible en partes que son a su vez divisibles; dado que los cuerpos no son
más que extensión, la extensión que separa dos partes de la materia será a su vez un cuerpo. En
consecuencia no existe el vacío.
J Alude al primer precepto que declara la
evidencia como criterio de verdad, postulado en la segunda parte de este Discurso.
k La máxima escolástica: "Nihil est in
intellectu quod prius non fuerit in sensu" que permite afirmar que todo conocimiento, humano, parte
de los sentidos terminando en el entendimiento o razón.
l Seguridad moral, esto es certeza suficiente en el
ámbito de la vida práctica; "así, cuantos nunca han visitado Roma no ponen
en duda que sea una villa de Italia, aun cuando podría acontecer que todos aquellos de quienes han
aprendido esto, se hubieran equivocado" (Principios, IV, 205).
Minerva, María Teresa y Patria fueron tres hermanas que vivieron en
los años 50 bajo el terrible régimen de Leónidas Trujillo en República
Dominicana. Conocedoras de su realidad, nunca cesaron en su lucha contra
el dictador, aunque ello conllevara que fueran varias veces
encarceladas, torturadas y violadas por esbirros del propio Gobierno, un
hecho que no afectó –sino todo lo contrario– a la lucha que mantuvieron
hasta el día en el que sus voces fueron apagadas.
Estas tres hermanas, cuyo apellido era Mirabal, fueron encarceladas
en 1960 junto a sus maridos por «atentar contra el Estado», aunque
fueron puestas en libertad después, dejando a sus cónyuges en prisión.
El 25 de noviembre de ese mismo año, cuando las tres hermanas volvían de
la cárcel tras una visita a sus parejas, un escuadrón de la muerte
dominicano las interceptó en la carretera. Tras este secuestro, las
llevaron a una casa, en la que fueron brutalmente golpeadas para que
pareciera que habían tenido un accidente, y posteriormente las
asesinaron a sangre fría.
además
Ya en 1981, en uno de los primeros encuentros feministas
latinoamericanos, celebrado en Bogotá, se decidió que, en memoria de las
hermanas Mirabal, este día sería elegido para conmemorar el entonces
llamado Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres.
Posteriormente, en 1999, la Asamblea General de Naciones Unidas resolvió
que a partir del año siguiente, el 25 de noviembre sería la fecha
estipulada como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia
contra la Mujer, una realidad que ha seguido vigente hasta hoy,
intentando que nunca se olvide la valentía de tres mujeres asesinadas
por el simple hecho de serlo.
Resulta cada vez más probable que cualquier persona sea capaz, a día
de hoy, de saber qué se celebra cada 25 de noviembre, aunque recordar el
por qué de esta efemérides, los hechos y su brutalidad, es quizá un
hecho muy ilustrativo de qué lleva pasando con las mujeres desde que el
mundo es mundo. Mostrar la violencia, no como ejercicio sensacionalista,
sino como manera de acercarse al horror que sufren miles de mujeres
cada año en España, es la motivación que tres mujeres, Eva, María y
Carmen –los tres son nombres ficticios– han tenido para contar a SUR
tres historias de violencia y de terror; pero también de lucha y
supervivencia; de valentía; y sobre todo de espejo en el que fijarse
estas miles de mujeres maltratadas a diario por sus parejas, pero
también de las que no lo son. Al fin y al cabo, esta lacra que inunda la
sociedad y cuyos estudios dicen que va peligrosamente en aumento, no es
cosa de algunos y algunas, sino de toda la ciudadanía.
Pero en esta terrible dinámica en la que muchas de ellas entran sin
poder remediarlo hay otras víctimas. Si en algo están de acuerdo estas
mujeres es en la poca protección que tienen sus hijos, que muchas veces
son obligados por el juez a tener visitas con sus padres denunciados,
una realidad que algunas veces se ha saldado con la violencia y la
muerte contra las menores, ‘justificada’ bajo la absurda creencia de los
verdugos de que eran de su propiedad, como lo eran sus mujeres. Claman
todas ellas por un pacto de estado que contabilice «de manera real»
cuántas son las víctimas reales de este tipo de violencia, y no solo las
asesinadas por sus parejas y exparejas (actualmente los hijos
asesinados no se considera violencia de género). En definitiva, estas
tres mujeres son una muestra real de un horror que continúa ocurriendo
sin importar el país, la edad o la clase social.
Tres historias reales.
Tres historias de mujeres supervivientes.
María: «Tuve la valentía de dejar a mi pareja cuando empezó a pegarle a mis hijos»
Hace tiempo que María se puso en marcha para poder escapar de la
pesadilla que fueron los años que convivió con su pareja. Sin embargo,
muchos años después de aquello, ni ella ni sus dos hijos han conseguido
escaparse de los recuerdos de aquella experiencia.
«Yo empecé con mi pareja cuando tenía 16 años y el 27. Era una
representación ‘de libro’ del amor romántico, y yo me sentía
completamente enamorada». De esta manera comienza su relato esta mujer
de 32 años, pero al momento matiza que todo eso era una gran mentira que
ella creyó. «Lo primero fueron los insultos, el desprecio... Pero
cuando estaba embarazada de cinco meses comenzó la auténtica pesadilla.
Empezó a pegarme de manera habitual». Esto fue cuando apenas llevaban
dos años de relación, pero antes de todo ello, su pareja ya se había
dedicado a quitarle el valor, las ideas y la voluntad. «Me separó de mi
familia y de mis amigos, de todo lo que era mío, hasta que me aisló
completamente».
María, muchas de las veces, se sentía totalmente sola, y se agarraba a
su hija como única forma de seguir adelante. La familia de él, por su
parte, tampoco ayudó. «Me decían que él era bueno, que habría tenido un
mal día y que le perdonara». «Yo era la que trabajaba y traía el
sustento a casa. Muchas veces él se llevaba el dinero y desaparecía 24
horas; cuando se lo recriminaba, comenzaban los golpes, me pedía perdón y
yo le perdonaba. Una y otra vez durante diez años de relación».
María dice que en aquel momento ella no sabía lo que era la violencia
de género, ni de que hubiera una ley que la protegía. Sin embargo, hubo
un momento en el que ella decidió que esto no podía seguir así. «El
‘click’ lo tuve cuando se vieron involucrados mis hijos, a los que mi
pareja empezó a pegarle. En ese momento no pude ir a la policía porque
me encerró con llave en casa, pero a la mañana siguiente le dije que
tenía que ir al médico por el daño que le había hecho a uno de los
niños. Yo no fui al hospital, me fui directamente a una comisaría y de
ahí a una casa de acogida durante seis meses. Ahora, cinco años después
de aquello, él ya está en prisión».
Eva: «Cuando entró la policía a casa estaba atada a la cama desnuda»
Eva ha elegido por sí misma el nombre falso para el artículo. Pero lo
hace por una razón, porque era el que usaba en la clandestinidad de
principios de los 70 en su lucha de clases en Intelhorce, lugar en el
que conoció a su marido. «Al principio él era maravilloso. Le conocí en
una charla de sexualidad cuando era activista de Bandera Roja. Yo
siempre he sido muy rebelde y eso me gustó también de él».
Eva es una luchadora. /
ÑITO SALAS
Esto ocurría cuando ella contaba con tan solo 19 años. Después de
aquello se casaron y se fueron a vivir a Valencia, lugar en el que, poco
a poco, comenzaron los episodios de violencia. «Mi caso tiene elementos
que son muy comunes al prototipo. Me aisló de mi familia hasta el punto
en el que apenas salía de casa. Uno de los peores episodios fue cuando
tuve un aborto a causa de una paliza. Algunos siguen diciendo que un
aborto es matar a una persona, pero en aquel momento a nadie le
importaba que un feto hubiera muerto a causa de una paliza de un hombre.
Intenté ir a poner una denuncia tres veces, porque él me dejaba en la
calle y a mi me daba vergüenza».
Eva dice que en todos estos episodios no hubo ningún atenuante
relacionado con el alcohol y las drogas. «Mi sentimiento de culpa y de
que no podía hacer cosas por mí misma llegó hasta el punto de
preguntarle a él si debía llevar a mi hijo al médico. Esa misma noche me
dijo de ir al cine, y como no quise me pegó una paliza. Yo al principio
intentaba defenderme, pero después solo esperaba que acabara. Me pegaba
incluso en el pecho, en el que aún tengo lesiones».
Sin embargo, el último capítulo, quizá el peor de todos, fue el que
provocó que lo dejase finalmente. «Mi vecina llevaba dos días sin verme,
y preocupada llamó a las autoridades. Cuando la policía entró en mi
casa me encontró desnuda atada a la cama con mi hijo pequeño dando
vueltas. Había estado todo ese tiempo violándome y pegándome. Cuando se
lo llevaban preso, me lanzó un cuchillo que me dio en la nariz y del que
aún guardo una cicatriz. A partir de ahí tuve un juicio con un abogado
al que tuve que pagarle de la única manera que podía, porque yo no tenía
dinero. Finalmente me volví a Málaga con mi hijo».
De esto hace 30 años, pero Eva ha tenido que volver a mirar a la cara
a su torturador en más de una ocasión, como en la boda de su hijo. «La
última vez que hablé con él fue por teléfono. Me dijo que antes de morir
él me iba a matar, pero yo no tengo miedo; no lo voy a tener más».
Carmen: «Mi marido quemó mi casa y la de mis padres cuandole dije que me separaba»
Creyó, con tan solo 17 años, que había tenido mucha suerte. El chico
«malote», el guapo del grupo, se había fijado en ella, una chica con
muchos complejos. Sin embargo, cuando apenas llevaban unos meses, el
primer rasgo de violencia machista apareció en su relación. «Era sobre
todo desprecio, él me despreciaba hasta el punto de decirme que le
gustaba tener una novia como yo, porque sabía que ningún otro hombre se
fijaría en mí». Sin embargo, el trabajo como militar de él durante un
tiempo, una vez que ya estaban casados, hizo que los hechos violentos no
empezaran a aparecer hasta unos años más tarde. «Mi padre le consiguió
un trabajo con él, pero a partir de ahí las cosas fueron a peor. No
podía venir nadie a casa, ni siquiera mis padres. A partir de las seis
de la tarde no podía salir a la calle, como si hubiera un toque de queda
en casa».
Un tiempo después de que esta situación fuera el día a día habitual,
Carmen se quedó embarazada y tuvo un hijo, mientras los golpes iban y
venían casi a diario. «Mi marido y yo vivíamos en un terreno que era de
mis padres, donde nos habíamos hecho una casa. Cuando mi niño tenía
siete meses y después de un montón de tiempo sin verles, mi padre
apareció en casa para poder verlo. Mi marido no dijo nada, pero cuando
nos quedamos solos metió a mi hijo en un baño de agua helada para
‘desinfectarle’ porque mi padre le había tocado. Ese mismo día le dije
que quería separarme, y él me dijo que si lo hacía quemaría la casa y le
haría daño a mi familia».
Carmen aguantó un tiempo más, pero finalmente pudo dar el paso y dejó
a su pareja, especialmente al darse cuenta del daño que esto podría
causar a su hijo. «Pero al final él cumplió su promesa. No solo quemó mi
casa –porque era mía–, sino que hizo lo propio con la casa de mis
padres y con un coche que teníamos en común. Ya no fue solo el dolor de
que te peguen y que te ninguneen; que te desprecien, ya que él provocó
el incendio de tal manera que a los bomberos no les diera tiempo de
apagarlo». Su exmarido ya está en la cárcel, lugar desde el que espera
no pida el régimen de visitas con el hijo. Es lo único que quiere.
Asesina a su marido de un martillazo y 150 puñaladas
La homicida limpió la casa de sangre, sentó el cadáver en un sofá y lo tapó con una manta antes de ahorcarse
Los cuerpos sin vida de un matrimonio que
reside cerca de la plaza del Pumarejo, en la calle Eustaquio Barrón,
fueron encontrados este martes por la tarde por una de las hijas de la
pareja en el interior de su vivienda. La hipótesis más plausible y sobre
la que trabaja el grupo de Homicidios de la Policía Nacional es que la
esposa mató al marido y después se quitó la vida ahorcándose.
Una portavoz de la Policía confirmaba este miércoles que por la mañana se practicarían las autopsias a los dos cadáveres.Si bien, a tenor de las lesiones que presentaba el hombre, de 71 años, hay pocas dudas. En su cadáver se contabilizaron hasta 150 puñaladas y además presentaba un martillazo en la cabeza. Fuentes policiales señalaban que habían sido las heridas por arma blanca las causantes de la muerte.
No existen antecedentes de denuncias en la pareja por malos tratos, según indicaron las mismas fuentes. Si bien, la asesina dejó escrito en una nota que su marido le maltrataba y que por eso había decidido ponerle fin a su vida.
Después de cometer el crimen, la mujer ingirió varias pastillas para intentar suicidarse, lo que no logró.
Según
informa la agencia EFE, tras consumar el asesinato, esta vecina del
Pumarejo de 63 años se ahorcó con un pañuelo que colgó desde el marco de
una puerta. Previamente había limpiado la casa de sangre, sentó el
cadáver de su esposo en un sofá y lo tapó con una manta «como si
estuviera durmiendo la siesta».
La Policía Nacional también encontró el cadáver del perro de la familia que también habría sido matado por la mujer de un golpe.
Antecedentes de trastorno mental
Fuentes policiales sí confirmaron que la mujer padecía algún tipo de trastorno mental que
pudo influirle para cometer el crimen. La pareja vivía sola y deja dos
hijas adultas, una de las cuales fue la que realizó el macabro hallazgo.
El
juzgado en funciones de guardia se hizo cargo de las diligencias y
sobre las once de la noche del martes se autorizaba el levantamiento de
los cadáveres. La Policía Nacional estuvo trabajando hasta bien entrada
la madrugada en la recopilación de pruebas para reconstruir los hechos.
Si bien fuentes consultadas por este periódico señalan que parece poco
probable que haya sorpresas que modifiquen la única hipótesis sobre la
que se trabaja.
La delegación del Gobierno confirma que este caso contará como violencia doméstica, no de género
El
delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, confirmaba desde
Cádiz que este caso no contabilizaría como violencia de género, sino como violencia doméstica.
Este miércoles saltaba la noticia de la muerte de este anciano de 71
años coincidiendo con la celebración del Día Internacional de rechazo a
la Violencia de Género. Una lacra social que, sin
embargo, deja fuera del análisis y del estudio estadístico los hombres
asesinados por sus parejas porque se consideran crímenes que no se
cometen desde una concepción de superioridad de género.
En este 2015, la estadística del Ministerio de Sanidad contabiliza tres mujeres asesinadas en la provincia de Sevilla a
manos de sus parejas o exparejas. No existe un cómputo oficial para los
hombres asesinados, pero a través de las noticias publicadas por los
medios se sabe que el crimen del Pumarejo es el segundo en 2015 que se
registra en la provincia sevillana.
El primero ocurrió en la
localidad de El Cuervo, en marzo. Una vecina degolló a su marido y
después se cortó las venas. Al igual que el caso conocido este
miércoles, la mujer sufría un trastorno mental.
“Nadie habla de los 30 hombres que murieron a manos de sus mujeres”
El hombre maltratado también existe. No es ni un concepto nuevo ni un símbolo ni la nueva peor moda
“Por fin se ha hecho justicia, Nacho. Bienvenido al barrio”. Este miércoles 21, José Ignacio Y.
volvía a Getafe (Madrid), a la residencia de sus padres, después de un
año sin poder acercarse a su casa de toda la vida. Un juez le levantó la
orden de alejamiento en una causa de violencia doméstica que
desde marzo de 2009 le prohibía acercarse a menos de 500 metros de la
casa de su ex mujer, con la que vivía justo en el portal contiguo al de
su residencia familiar.
Según explicó José Ignacio a El Confidencial,
su ex mujer lo anuló durante años. Y el daño no fue sólo psicológico,
sino también físico. Lo abofeteó y arañó durante su matrimonio cada vez
que se le antojaba. La gente le preguntaba, pero él, por vergüenza,
aseguraba que todo se debía a “la fogosidad” de su esposa. “¿Crees que alguien va a creer que alguien que pesa 50 kilos puede pegar a un tío de más de 100?”,
le preguntaba su mujer de forma burlesca, según narra el afectado.
Ella, que responde a las siglas A.L.M., es la madre de sus dos hijos
gemelos. Según José Ignacio, llegó a ponerle un cuchillo en el cuello;
se acostaba con otros hombres en su propia cama “porque tú ya no me
vales”, e incluso amenazó con arrojar a uno de sus hijos al vacío desde
la ventana para retener a su pareja en casa. “Me decía: Si cruzas esa
puerta, tiro al niño y después me arrojo yo”. Lo último, fingir una
paliza para denunciarlo por malos tratos. “Si renuncias al piso y me das el dinero que te pido, te quito la denuncia”. El acosado era él, pero ¿quién le iba a creer? ¿Dónde
están ellos? ¿Por qué no hay asociaciones que les apoyen cuando se
sienten avergonzados? ¿Por qué el 016 les cuelga el teléfono porque solo
atienden a mujeres? El hombre maltratado también existe.
No es ni un concepto nuevo ni un símbolo ni la nueva peor moda. “Nacho
es sólo un ejemplo”, asegura el juez Francisco Serrano. “Hay muchos
inocentes encarcelados porque sus mujeres los denunciaron falsamente”.
Serrano escupe indignación cuando habla de la Ley Orgánica de Protección
Integral contra la Violencia de Género. Quien lea sus declaraciones
quizá lo tache de juez machista, pero en su currículum destaca ser el
primer magistrado en firmar una orden de alejamiento. En 2001, cuando la
ley de Violencia de Género no estaba ni pensada, recibió el premio Amuvis por defender a la mujer maltratada.
Falsa violencia machista
La
batalla actual de Serrano, el juez titular del Juzgado de Familia
número 7 de Sevilla, es muy simple: lucha para que las mujeres que
quieran divorciarse no usen las ventajas que esta ley les ofrece para
obtener beneficios de una manera injusta. “Denuncio una realidad silenciada: la falsa violencia machista”,
sentencia. Serrano habla de la ley como una hecha a la medida de un
gobierno que no ha querido mantener un concepto de violencia familiar
que englobara todos los maltratos que se da en un hogar, sin distinguir
según el sexo de la víctima. ¿Por qué las muertes de mujeres sí cuentan,
y las de hombres no?
Vídeo: Estereotipos sexistas, un reto pendiente
Serrano
asegura que el Ministerio del Interior anotaba el número de asesinadas y
el de asesinados hasta 2006. Las estadísticas oficiales informaban de
que en 2002 55 mujeres murieron a manos de sus maridos y 16 acabaron con
la vida de sus maridos o ex parejas. En 2003 murieron por la misma
causa 65 mujeres y 13 varones; 2004: 61 versus 9; 53 en 2005 frente a 15
hombres; en 2006, 54 mujeres y 12 hombres. Con estas cifras, se puede
afirmar que muere un hombre a manos de sus mujeres por cada cinco
mujeres asesinadas. ¿Dónde están ellos? ¿Por qué no hay asociaciones que
les apoyen cuando se sienten avergonzados? ¿Por qué no tienen ninguna
institución que los ampare y el 016 les cuelga el teléfono “porque sólo
atendemos a mujeres?” (algo que ya corroboró un periodista de ‘El
Confidencial’ haciéndose pasar por un hombre maltratado).
Por más
que lo haya preguntado, a Serrano nadie le ha contestado todavía por
qué se dejó de divulgar desde 2007 las cifras de hombres muertos por
agresiones de sus cónyuges. “El año pasado más de 30 hombres murieron a manos de sus mujeres. Este año ya van cinco.
Pero no busquen en los organismos oficiales, porque de esto no interesa
informar”. Aunque la violencia en el ámbito familiar está prevista en
el Código Penal español, existe una corriente social que pretende
reducir el término violencia a la que ejercen los hombres y padecen
las mujeres, negando así cualquier opción a que la situación sea
distinta. “Por eso esta ley es inconstitucional, porque la
Constitución dice que todos los españoles somos iguales ante la ley. No
distingue entre sexos”.Serrano habla también del principio de
igualdad y de la presunción de inocencia al que todos los seres humanos
tienen derecho mientras no se demuestre lo contrario. “Aquí se deja en
libertad no por inocente, sino porque no se ha demostrado que sea
culpable”, insiste Serrano.
Varias jóvenes muestran lazos de color violeta, que simbolizan la lucha contra la violencia machista. (EFE)
Jueces, periodistas, policías judiciales, “hasta
diputados y senadores de muy alto nivel me han dado la razón cuando les
he dicho que esta ley es inconstitucional y discriminatoria”.
Serrano habla de discriminación incluso con las propias mujeres, las del
siglo XXI que luchan por una igualdad de oportunidades. “Señoras del
nuevo siglo; que sepan que esta ley dice que ustedes, por ser mujeres, están en inferioridad de condiciones frente a cualquier hombre”.
Las palmaditas en la espalda siempre se la dan off the record. “Es el
producto estrella del Gobierno, Francisco. Yo no me atrevo a levantar la
liebre el primero”, le reconocen al abogado a escondidas.
El magistrado sigue acumulando cifras: “Tampoco les interesa airear que algunos de los 3.716 varones que se suicidaron en 2006
(frente a las 2.653 mujeres) lo hicieron por el efecto adverso de esta
ley, discriminatoria tanto para ellos como para ellas”. Serrano quería
comprobar cuántos de estos se arrojaron al vacío cuando estaban en
crisis o en proceso de separación de sus parejas. Pero los organismos
oficiales decidieron quitar el estado civil de los suicidas a partir de
2007. Desde entonces, se divulgan las cifras de violencia contra las
mujeres en el registro abierto en la web del Ministerio de Sanidad. Por
eso Serrano insiste en que una gran parte de los suicidios de varones
entre 30 y 60 años se debe al trauma que causa el “trato discriminatorio
que sufren en el proceso de separación”.
Una discriminación “incomprensible”
Víctor Fernández es abogado de Patón & Asociados, el primer bufete español especializado en violencia machista. Como única estadística rigurosa sobre este problema se refiere al 25,6% de víctimas mortales de hombres registradas en España
en manos de sus parejas, según datos del CGPJ. Con los datos de
Serrano, en 2009 el porcentaje aumentó considerablemente. Fernández
coincide con su colega Serrano en que la ley es un “disparate”.
“Establecer una diferencia jurídica entre hombres y mujeres en 2010 es
incomprensible”. No pone en duda que la mujer maltratada debe ser
protegida, pero sí culpa al gobierno de que los hombres no cuenten con
ninguna institución que les ampare.
La mayor parte de los casos
archivados en el registro de violencia de género son, para Serrano,
conflictos entre iguales en el combate de cualquier separación. La
diferencia entre el dato del juez de Sevilla de que el 86% de las
denuncias de maltrato no responden a situaciones reales de violencia y
la cifra del Gobierno, que considera falsas el 0,4% de las denuncias es
abismal. Para demostrar la “visión distorsionada del maltrato”, Serrano
pone como ejemplo al juzgado de Violencia de Género de Sevilla. En 2008,
la Fiscalía Superior de Andalucía recogió 9.814 procedimientos. De
ellas se emitieron 1.010 sentencias: “395 condenatorias, 412
absoluciones y 203 condenas de conformidad”. El 90% de las denuncias se
archivaron o acabaron en absolución, como el caso de Nacho.
"Miedo a la denuncia"
Nacho,
el maltratado denunciado, siente que “todos los hombres casados o en
una relación estamos en el mundo bajo una libertad condicional que te
quitan cuando tu mujer te denuncia y te mete en el calabozo, privándote
de todo”. Es lo que Serrano denomina holocausto social: “Miles de
hombres son encarcelados cada año con una mera denuncia”. Es lo que en
Derecho se denomina derecho de autor: “Se te condena por ser hombre, no por los hechos cometidos. Y si se demuestra que ella ha denunciado falsamente, no pasa nada”.
A
la mujer tampoco se le protege por ser víctima, sino por ser mujer.
Según los datos que publica el Ministerio de Igualdad, en 2009 fueron 55
las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas, un 27,6%
menos que el anterior. El dato que llama la atención es que el 74,5% no
había puesto denuncia previa. “Desgraciadamente las verdaderas víctimas
del maltrato, las que se esconden para que nadie le vea ojo morado,
siguen en sus casas con un miedo terrorífico a denunciar, por si su
agresor la mata. A ésas son a las que debe amparar la ley”.
A.L.M.
no pudo demostrar que su marido le había pegado de la manera que ella
decía ni ninguna otra. Nacho se sentó en el banquillo de los acusados
sin ser consciente siquiera de que el maltratado era él. Esta misma
semana le han absuelto, pero no por ser inocente, sino porque no se pudo
comprobar que era culpable. Al levantar la orden de alejamiento, Nacho
ha podido entrar de nuevo en casa de sus padres. “Ella vive ahí, en esa
ventana están durmiendo ahora mismo mis hijos”, reconoce con cierta
ironía. La ley se muestra como un arma cargada, que en las manos
equivocadas puede convertir la vida de un buen hombre en un calvario. Con la ley de violencia de género en la mano, ni ellas son tantas ni ellos, tan pocos.
Nacho ha decidido abandonar la vía legal aunque desea fuertemente que
se conozca su caso. Este periódico le acompañó en el preciso momento en
el que después de un año, volvió a su barrio, por unos meses prohibido.
Ahora está rehaciendo su vida con una nueva chica, con ilusión y cierto
desarreglo. Reconoce tener miedo, que casi es pánico, a que una nueva
denuncia le haga revivir de nuevo el calvario.
Si
por algo se caracteriza Francisco Serrano es por ser franco y directo
en sus declaraciones, algunas de las cuales han provo«cado
urticaria entre políticos, jueces, abogados y colectivos feministas.
El
juez de Familia 7 de Sevilla cree que «hay un 10% de denuncias de
maltrato que sí son reales» y «lo que nos tiene que preocupar
—dice— es ese maltrato solapado de mujeres que no se atreven a
denunciar, que acuden al juzgado de Familia para separarse, pero no
al de Violencia de Género. Son señoras maltratadas que no quieren
denunciar porque tienen miedo, ya que están en una situación de
desigualdad respecto a sus parejas. El sistema no les da confianza
porque no es lo mismo proteger a cien mujeres que proteger a las diez
o quince que realmente están en situación de maltrato».
Serrano
ha iniciado una batalla en defensa de los hombres en la política de
violencia de género. «Dicen que no hay estigmatización del hombre,
pero contaré un caso que ilustra lo contrario: un ecuatoriano es
denunciado por malos tratos y se le detiene inmediatamente. Se le
juzga y absuelve porque los hechos no están acreditados. Ese
ecuatoriano pidió la nacionalidad, pero se le denegó con el
argumento de que había participado en un maltrato... aunque fue
absuelto». De igual forma, recuerda que «si un padre pide la
custodia compartida, como haya una denuncia admitida de maltrato no
se le da, aunque después sea archivada. ¿No puede ser eso maltrato
institucional?».
«Como
es políticamente incorrecto decir que hay denuncias falsas, al
hombre que se le absuelve en estos procesos, el 70% de los casos, se
le dice que no es que sea inocente, sino que no se ha podido probar
su culpabilidad», protesta este juez.
«Para
que haya maltratado tiene que haber una relación de miedo, de
anulación de voluntad, de dependencia afectiva y emocional, donde el
maltratador es el dominador, el que genera esa situación. En más
del 80% de las denuncias —afirma— no se cumplen esos requisitos,
simplemente hay conflictividad propia de la relación de pareja».
Asimismo,
protesta porque «la Ley dice que toda mujer, por el hecho de ser
mujer, está en una situación de desigualdad, inferioridad, sumisión
respecto a su pareja, lo cual es mentira. Partimos de una ideología
falsa de discriminación de la mujer por el hecho de ser mujer».
«Van
52 mujeres muertas a manos de sus parejas en 2009. ¿Cuántos hombres
han sido asesinados por sus parejas este año? Más de 30 y de eso
nadie se entera. ¿No es eso violencia de género? Hasta ahora,
cuando una mujer era asesinada por su pareja se decía que “algo
habría hecho ella”. Ahora, cuando un hombre es asesinado por una
mujer se dice que “seguro que se lo merecía”o que lo había
hecho en legítima defensa».
Serrano
va más allá al decir que «hasta el año 2006 había una
estadística de más de 630 hombres que habían suidado cuando
estaban en una situación de crisis de pareja. El INE dejó de
publicar esa estadística porque cantaba mucho la gallina».
Por
más que lo haya preguntado, a Serrano nadie le ha contestado todavía
por qué se dejó de divulgar desde 2007 las cifras de hombres
muertos por agresiones de sus cónyuges. “El año pasado más de
30 hombres murieron a manos de sus mujeres. Este año ya van cinco.
Pero no busquen en los organismos oficiales, porque de esto no
interesa informar”. Aunque la violencia en el ámbito familiar está
prevista en el Código Penal español, existe una corriente social
que pretende reducir el término violencia a la que ejercen los
hombres y padecen las mujeres, negando así cualquier opción a que
la situación sea distinta. “Por eso esta ley es
inconstitucional, porque la Constitución dice que todos los
españoles somos iguales ante la ley. No distingue entre sexos”.
Serrano
habla también del principio de igualdad y de la presunción de
inocencia al que todos los seres humanos tienen derecho mientras no
se demuestre lo contrario. “Aquí se deja en libertad no por
inocente, sino porque no se ha demostrado que sea culpable”,
insiste Serrano.
El
magistrado sigue acumulando cifras: “Tampoco les interesa airear
que algunos de los 3.716 varones que se suicidaron en 2006
(frente a las 2.653 mujeres) lo hicieron por el efecto adverso de
esta ley, discriminatoria tanto para ellos como para ellas”.
Serrano quería comprobar cuántos de estos se arrojaron al vacío
cuando estaban en crisis o en proceso de separación de sus parejas.
Pero los organismos oficiales decidieron quitar el estado civil de
los suicidas a partir de 2007. Desde entonces, se divulgan las cifras
de violencia contra las mujeres en el registro abierto en la web del
Ministerio de Sanidad. Por eso Serrano insiste en que una gran parte
de los suicidios de varones entre 30 y 60 años se debe al trauma que
causa el “trato discriminatorio que sufren en el proceso de
separación”.
Una
discriminación “incomprensible”
Víctor
Fernández
es abogado de Patón & Asociados, el primer bufete español
especializado en violencia
machista.
Como única estadística rigurosa sobre este problema se refiere al
25,6% de víctimas mortales de hombres registradas en España
en manos de sus parejas, según datos del CGPJ. Con los datos de
Serrano, en 2009 el porcentaje aumentó considerablemente. Fernández
coincide con su colega Serrano en que la ley es un “disparate”.
“Establecer una diferencia jurídica entre hombres y mujeres en
2010 es incomprensible”. No pone en duda que la mujer maltratada
debe ser protegida, pero sí culpa al gobierno de que los hombres no
cuenten con ninguna institución que les ampare.
La
mayor parte de los casos archivados en el registro de violencia de
género son, para Serrano, conflictos entre iguales en el combate de
cualquier separación. La diferencia entre el dato del juez de
Sevilla de que el 86% de las denuncias de maltrato no responden a
situaciones reales de violencia y la cifra del Gobierno, que
considera falsas el 0,4% de las denuncias es abismal. Para demostrar
la “visión distorsionada del maltrato”, Serrano pone como
ejemplo al juzgado de Violencia de Género de Sevilla. En 2008, la
Fiscalía Superior de Andalucía recogió 9.814 procedimientos. De
ellas se emitieron 1.010 sentencias: “395 condenatorias, 412
absoluciones y 203 condenas de conformidad”. El 90% de las
denuncias se archivaron o acabaron en absolución, como el caso de
Nacho
"Miedo
a la denuncia"
Nacho,
el maltratado denunciado, siente que “todos los hombres casados o
en una relación estamos en el mundo bajo una libertad condicional
que te quitan cuando tu mujer te denuncia y te mete en el calabozo,
privándote de todo”. Es lo que Serrano denomina holocausto social:
“Miles de hombres son encarcelados cada año con una mera
denuncia”. Es lo que en Derecho se denomina derecho de autor: “Se
te condena por ser hombre, no por los hechos cometidos. Y si se
demuestra que ella ha denunciado falsamente, no
A
la mujer tampoco se le protege por ser víctima, sino por ser mujer.
Según los datos que publica el Ministerio de Igualdad, en 2009
fueron 55 las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas,
un 27,6% menos que el anterior. El dato que llama la atención es que
el 74,5% no había puesto denuncia previa. “Desgraciadamente las
verdaderas víctimas del maltrato, las que se esconden para que
nadie le vea ojo morado, siguen en sus casas con un miedo terrorífico
a denunciar, por si su agresor la mata. A ésas son a las que
debe amparar la ley”.
Ley de violencia
de género ¿Una contradicción
a la Constitucion Española?
Domingo.12
de enero de 2014 1651 visitas -
José
Ignacio Francés Sánchez, Director Jurídico IFS Abogados.
Desde el inicio de
la creación de esta ley, una nube gris dejaba entrever entre el
profesional cercano al derecho una sensación de diferencia con el
resto de las leyes.
Algo que en
principio prometían sería una solución para la mujer desprotegida,
dio paso a una defensa a la mujer desamparada que es maltratada, pero
también a un arma ilegal e inconstitucional que contradecía 3
pilares fundamentales de nuestra constitución española, cuando se
realiza la denuncia falsamente: el derecho a la igualdad, el derecho
a un juicio justo y el derecho a la presunción de inocencia.
Analicemos estos 3
puntos y descubramos el problema de una ley mal aplicada.
El artículo
14
de la constitución española dice textualmente:
“Los españoles
son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación
alguna por razón de nacimiento, raza,
sexo,
religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia
personal o social.”
Si analizamos este
punto y realizamos una comparación entre la denuncia presentada por
el hombre y la mujer, esta ley es literalmente contradictoria con el
artículo en cuestión, y para salir de dudas, pongamos un ejemplo
real de los cientos que podríamos incluir y que este letrado conoce
en primera persona: “una discusión entre una pareja en la que se
insultan mutuamente, amenazándose igualmente ambas partes con
agresiones futuras, incluso agrediéndose levemente (por leve podemos
hablar de un empujón, insistiendo en que rechazamos cualquier tipo
de acción que no sea el dialogo)”. Debemos dejar claro que en este
momento de la situación son denuncias y no hechos probados”.
De ambas denuncias
presentadas y a diferencia de lo que dice el artículo 14 de la
constitución se deduce justo lo contrario, pues deberían seguir un
mismo camino según el derecho a la igualdad, pero nada más lejos de
la realidad o de la constitución
· En el caso de
la denuncia interpuesta por el hombre,
esta se dirigirá a un juzgado de instrucción que dará origen a un
juicio de falta, de hecho, quizás la policía llame a declarar a la
denunciada a comisaría y volverá a su casa tranquilamente, hasta el
día del juicio, dando igual el que se hayan aportado pruebas que en
principio parezcan irrefutables”
· En el caso de
la denuncia interpuesta por la mujer,
derivará en la detención automática del hombre, da igual donde
esté, su trabajo (con la repercusión de su imagen dañada, en un
bar o en un parque con sus hijos), será esposado, trasladado a
dependencias policiales y obligado a pasar la noche en calabozos, sea
inocente o culpable. Así mismo darán igual las pruebas que
presente, si las presenta, pues no son preceptivas; el resultado, la
encarcelación.
Principios
fundamentales vulnerados en esta primera actuación.
Art.14
de la Constitución Española “el derecho a la igualdad” no se
aplica la ley de la misma forma a él que a ella.
Art 17.1
de la Constitución Española “el derecho a la libertad” pues no
hace falta más que una simple declaración sin prueba para encerrar
al hombre, da igual la palabra utilizada, encerrar, detener, retener,
al fin y al cabo es lo mismo, estás entre rejas con otros detenidos
que sí pueden ser delincuentes.
Art. 167 del
Código Penal. Pues no es ni la primera, ni la segunda vez que este
letrado se ha encontrado en comisaria con un video de lo ocurrido
donde se comprobaba la falsedad de la denuncia y el detenido ha
seguido pasando la noche en calabozos.
Art. 24
de la Constitución Española, derecho a la tutela judicial y a la
presunción de inocencia.
Por lo tanto y en
una fase inicial de la denuncia en la que se aplica la ley de
violencia de género, se infringen 3 artículos fundamentales de la
constitución Española y un artículo del Código Penal.
Se habla de la
fuerza física del hombre ante situaciones de violencia de género
para evitar daños mayores, pero de esa forma y si se aplica esta
máxima, ¿nos da a entender este sistema que no somos iguales ante
la ley, que no tenemos el mismo derecho? ¿debería entonces
erradicarse el artículo 14, el derecho a la igualdad, algo por lo
que tanto se ha luchado?
Evidentemente no. En
opinión de este letrado, el principal fallo de la ley es el
automatismo, una denuncia de cualquier causa nunca puede implicar un
ingreso automático en calabozos, es una barbaridad jurídica e
inconstitucional, debe realizarse un estudio en el acto de la
situación para tomar una decisión así, valoración de las pruebas,
parte médico, testigo en el acto, antiguas denuncias, algo que dé a
entender el motivo del ingreso en calabozos, ¿o es más beneficioso
para el sistema el que un inocente pase la noche encerrado?, multitud
de veces ha oído este letrado, ” es evidente que no ha hecho nada,
pero ¿ y si lo dejamos en libertad y hace …?” , esto deja sin
argumentos a un estado de derecho, pero profundicemos más en el
estudio y pasemos a la siguiente fase:
Una vez que se
realiza la denuncia y pasa el primer día, las denuncias siguen
cauces distintos:
En el caso de la
denuncia interpuesta por el hombre se realiza un juicio de faltas y
podrán aplicarse si así se demuestra que ha ocurrido, las
siguientes penas a la denunciada:
Art. 617 del
código Penal
1. El que, por
cualquier medio o procedimiento, causara a otro una lesión no
definida como delito en este Código será castigado con la
pena de localización permanente de seis a 12 días o multa de uno a
dos meses.
2. El que golpeare o
maltratare de obra a otro sin causarle lesión será castigado con la
pena de localización permanente de dos a seis días o multa de 10 a
30 días.
En el caso de la
denuncia presentada por la mujer, nos encontramos en primer lugar con
una acusación prácticamente automática de fiscalía, en ocasiones
recibiendo el mismo escrito de acusación a la vez que declara el
denunciado ¿cómo puede acusarse sin oír al mismo? ¿Qué garantía
legal hay?¿ qué obligación tiene el ministerio fiscal? . Una vez
oído el denunciado, por un empujón sin parte médico, ni testigos,
ni fotos, ni indicios, podemos encontrarnos con una solicitud de pena
de prisión de 9 meses a 2 años de media.
Principios
fundamentales vulnerados en esta segunda actuación.
Art. 14
de la Constitución Española: por el mismo hecho, siendo hombre y si
se demuestra, te enfrentas a una pena de hasta un año de prisión o
más, mientras que siendo mujer, a una multa que habitualmente no
supera los 150 euros o a una localización permanente que
habitualmente puede realizarse los fines de semana en tu casa.
Art. 24
de la Constitución Española: El derecho a un juicio con todas las
garantías, pues si no tienes testigos de lo que ha ocurrido,
difícilmente puedes demostrar algo que no ha ocurrido, salvo con tu
palabra, por el contrario en este procedimiento, el miedo a que
realmente ocurra algo de lo denunciado, desde nuestra perspectiva
como letrados especialistas en estas causas, arma de mayor fuerza a
la denuncia presentada por la mujer, con lo cual el hombre tiene
predeterminada una sentencia con antelación a la celebración del
procedimiento.
Art. 24.2
de la Constitución Española: La carga de la prueba recae en el
procedimiento penal sobre el denunciante, y esta carga puede
consistir en pruebas o indicios racionales. A diferencia de lo que
dicta nuestro ordenamiento, la carga de la prueba en la denuncia de
la mujer hacia su ex pareja, pareja… Recae sobre el denunciado. De
tal forma que si no hay testigos ni pruebas ¿cómo puede demostrar
el denunciado que no ha ocurrido lo que no ha ocurrido? Simplemente
no puedes, y es lo que recibe el nombre de prueba diabólica.
Otros ejemplos
pueden ser los insultos y amenazas, que en el caso de la denuncia
interpuestas por el hombre llevan aparejada penas de multas de 10 a
20 días según el artículo 620.2 sanciones económicas leves.
Y en las denuncias
presentadas por la mujer, penas de 6 meses a 3 años de prisión
(artículo 173), conllevando igualmente ordenes de alejamientos de 1
a 5 años y la incapacidad para ejercer la guardia de los hijos
comunes, al ser considerado un delito de violencia de género. En
principio no creo que fuera negativo erradicar el automatismo tanto
en la acusación automática por parte de la fiscalía, como en la
detención e ingreso en calabozos, salvo que se aprecien indicios
reales, pues no es la primera vez que demostrándose con video lo
ocurrido ante comisaría han seguido manteniendo en calabozos al
inocente, es decir una detención ilegal por parte de los cuerpos de
seguridad del estado que tiene una pena superior a dos años. El
objetivo de una ley debe ser siempre el perseguir al delincuente,
aunque asegurando no aplicar penas judiciales a inocentes.